Melanie Smith, Xilitla

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Del 21 de septiembre al 19 de octubre de 2013 se presenta en FLORAla instalación Xilitla (2010) , realizada por la artista Melanie Smith, en colaboración con Rafael Ortega.

21/09 – 19/10 – 2013

 

 

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Xilitla es un fascinante ensayo fílmico realizado en la casa surrealista que el excéntrico inglés Edward James se construyó en el corazón de la selva mexicana. Esta obra forma parte de la exposición Ninguna forma de vida es inevitable, basada en el libro Walden, o la vida en los bosques (1854) de Henry David Thoreau.

 

Xilitla fue una de las obras presentadas en el pabellón mexicano en la 54 Bienal de Venecia en 2011. Para el catálogo de esa exposición, la curadora mexicana Paola Santoscoy escribió un texto, del cual presentamos un fragmento.

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Xilitla

 

Xilitla es una exploración visual de las posibilidades de significación en el presente de uno de los sitios más enigmáticos y recónditos en el territorio mexicano. Localizado en la zona montañosa de la Huasteca potosina, Xilitla es un sitio conocido por las grandes estructuras de cemento de inspiración fantástica que ahí se erigen. Este lugar, construido entre 1960 y 1984, es la creación delirante de Edward James (1907-1984), un excéntrico aristócrata y escritor británico capaz de dedicar casi tres décadas a esta empresa y de invertir grandes sumas de dinero en una arquitectura simbólica desprovista de funcionalidad, al menos en el sentido moderno de la arquitectura.

 

Producto de la afiliación de James con el surrealismo, este lugar es la antítesis de la planeación urbana y una visión racional del mundo. En un área de terreno desigual de alrededor de ocho hectáreas se esparcen al menos cincuenta estructuras de distintas formas y tamaños que se fueron construyendo de manera caprichosa y desordenada a lo largo de los años. Éste es también un universo anacrónico que pareciera no haber sido tocado por el exterior; una declaración monumental concebida al margen del sentido de la realidad del mundo occidental, una instalación sui generis que a la vez se sitúa dentro de una larga historia de intervenciones en el paisaje, y de sueños y pesadillas surrealistas.

Este seductor y decadente escenario de naturaleza exuberante es el móvil detrás de Xilitla, una colaboración entre Melanie Smith y Rafael Ortega que gira alrededor de un filme realizado en 35 mm,  el cual pone en entredicho las barreras tradicionalmente impuestas entre “lo moderno” y lo “contemporáneo”. Contrario a la convención cinematográfica de formato apaisado, este filme opta por un formato vertical como una manera de relacionarse con el entorno y a la vez como estrategia para desestabilizar la mirada.

Al virar la cámara de lado, el espectador se ve confrontado con una perspectiva oblicua –lo que podríamos llamar una mirada fuera de eje- que demarca un encuadre distinto, dando paso a un espacio de operaciones estéticas y apropiaciones que van más allá del contexto mismo.

 

LAS POZAS  

Las pozas es el nombre del área cercana al pueblo de Xilitla, a unos quinientos kilómetros de la ciudad de México, en donde Edward James construyó su propio “Edén surrealista”, como algunos autores le han llamado. Nacida en Inglaterra y radicada en México desde hace más de veinte años, Melanie Smith comparte una historia paralela de desplazamientos con James que la colocan en un terreno de vínculos simbólicos con este lugar. Atraídos ambos a México por motivos particulares y en momentos históricos muy distintos, puede decirse que James y Smith tienen en común el poner en funcionamiento estrategias para vivir fuera de su entorno nativo, para darle sentido a lo desconocido.

Uno de tantos peregrinos que buscaban la idea de liberación que ofrecía México-como-símbolo, James llegó al país a finales de 1940. Para ese momento,  ya contaba con una creciente colección de arte, y era mecenas de varios artistas pertenecientes al movimiento surrealista en Europa, entre ellos Salvador Dalí, Man Ray, René Magritte. No tuvo interés en instalarse en la ciudad de México y, a excepción de su cercanía con la pintora Leonora Carrington y su círculo de amistades, James no se relacionó con la escena artística en el país. La historia de Las Pozas está plagada de anécdotas que se centran en la excentricidad del personaje visto desde los ojos de los habitantes del pueblo de Xilitla, muchos de los cuales llegaron a trabajar en algún momento para “El Inglés” en la construcción y manutención del jardín.

La intención de Smith y Ortega por trabajar con el sitio- con lo que ahí se encuentra-, apropiándose del lugar para mostrarlo a la luz de sus intereses artísticos y en diálogo con otros momentos históricos, hace que James tenga una presencia sumamente críptica, casi fantasmal, a lo largo de la película: un retrete en medio de la selva, más de una llave de agua que delata su obsesión por la limpieza, los pasos inquietos de un animal, vistas borrosas desde su habitación, las pozas creadas por la cascada que, según cuentan, lo cautivó de manera definitiva cuando conoció este lugar. Esta manera de desdibujar al personaje posibilita la creación de una marco de referencia más amplio en el cual se hacen presentes otras muchas cuestiones. En otras palabras, romper el vínculo de individuo a individuo para abrir un vínculo más amplio con el sitio. Si pensamos por un momento en relaciones de proximidad, la distancia que existe entre Las Pozas y la ciudad de México, o entre las Pozas y West Dean (el lugar británico de James), importan no en tanto distancias geográficas, sino metafóricas, e incluso de contraposición: lo racional y lo irracional, lo urbano y lo rural, lo europeo y lo americano, lo pragmático y lo intuitivo.

 

EL ESPEJO

A lo largo de la narrativa no lineal, el elemento protagónico más recurrente en el filme es un gran espejo que vemos en distintas situaciones y paisajes. El espejo es aquí, entre otras cosas, una cita directa a la obra Mirror displacements realizada por Robert Smithson en 1969 durante el viaje que realizó a la península de Yucatán. En dicha obra, una serie de fotografías a las que llama standstills registran instalaciones escultóricas temporales que son el resultado de las acciones de Smithson al colocar el mismo juego de espejos cuadrados en el paisaje como una investigación sobre la dialéctica de “sitio/no sitio” detrás de la presencia física del espejo y su reflejo; el espejo como un concepto y una abstracción.

En la película de Smith y Ortega, en cambio, el espejo es trasladado de un lado a otro por los jardineros del lugar. Rara vez posándose en un solo lugar, el reflejo de la luz y de los detalles de lo inacabo de algunas estructuras, varillas, texturas y colores chillantes del lugar desafían insistentemente la idea de una mirada única. De modo que espejo y cámara se transforman en un ojo de múltiples facetas que permite al espectador ver perspectivas diversas y fragmentadas, provocando que ninguna de las imágenes pueda ser unificada para crear un todo. espacial.

El reflejo puede ser cegador al grado que si uno ve fijamente el destello de luz de un espejo pierde momentáneamente el sentido de ubicación. El espejo nunca parece aquí de forma paralela a la mirada del observador, es decir, a la cámara. Cuando Smithson habla de sus “desplazamiento de espejos” en Yucatán, dice: “el espejo en si mismo no es sujeto de la duración, ya que es una abstracción en desarrollo, intemporal y siempre disponible. Los reflejos, por otro lado, son casos efímeros que eluden las medidas.” Esto lo lleva más adelante a concluir que la superficies de los espejos no pueden ser entendidas por la razón. En Xilitla hay algunos momentos en los que el reflejo es casi un respiro visual, ¿un escape? cuando en su libro de los pasajes Walter Benjamin se refiere a las ventanas de vidrio y espejos que constituían el palacio de cristal londinense del siglo XIX pone énfasis en la naturaleza ambigua de los reflejos. Los llama “de doble filo”. El mundo de los espejos “parpadea: es siempre este-y nunca nada-, del que surge enseguida otro.” Aunque este otro mundo no es el mundo alternativo del reflejo en los cuentos de Lewis Carroll, en los que, para Alicia el espejo es la posibilidad de habitar otra realidad. En Xilitla, el reflejo es una visualidad que se opone o se resiste a una mirada única, una contravisualidad.  

 

Extraído del texto de Paola Santoscoy, 2011